Historia, Geografía y Ciencias Sociales
Módulo de aprendizaje exhaustivo con explicaciones detalladas para preparación SIMCE y PAES.
5° Básico - Geografía, Descubrimiento y Colonia
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Unidad 1: Geografía, Zonas Naturales y Desarrollo Sustentable
La geografía de Chile destaca por su asombrosa diversidad física y climática. El territorio continental se divide en cinco grandes Zonas Naturales, cada una moldeada por cuatro macroformas de relieve principales. La Cordillera de los Andes se presenta alta y maciza en el norte, descendiendo paulatinamente hacia el sur, actuando como una barrera natural infranqueable y siendo una invaluable fuente de minerales y reservas de agua dulce. Hacia el oeste se encuentra la Depresión Intermedia, una extensa planicie ubicada entre ambas cordilleras que concentra a la mayor parte de las ciudades principales y los campos agrícolas más productivos del país. Más hacia la costa emerge la Cordillera de la Costa, constituida por montañas de menor altitud que actúan como un vital biombo climático, reteniendo la humedad oceánica. Finalmente, las Planicies Litorales conforman los bordes costeros planos, ideales para el asentamiento de puertos pesqueros y comerciales que impulsan el desarrollo. En cuanto a la relación con el entorno, es fundamental distinguir entre el crecimiento económico, que implica explotar recursos rápidamente para obtener ganancias inmediatas sin medir consecuencias ecológicas, y el desarrollo sustentable, que propone utilizar los recursos de manera inteligente y planificada, asegurando la prosperidad económica actual pero cuidando rigurosamente el medioambiente para que las futuras generaciones también dispongan de estos recursos vitales. En las evaluaciones (como el SIMCE), es recurrente la necesidad de identificar perfiles topográficos y relacionar el clima con las actividades económicas, además de distinguir claramente entre un fenómeno natural, como un sismo, y un desastre, que ocurre por negligencia humana en la construcción o planificación urbanística.
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Unidad 2: Viajes de Exploración y la Conquista de América
A finales del siglo XV, la imperiosa necesidad europea de encontrar nuevas rutas comerciales marítimas hacia el Oriente, tras el bloqueo de Constantinopla, impulsó grandes y arriesgadas exploraciones lideradas principalmente por los reinos de España y Portugal. El proceso de conquista española en América no fue financiado por la Corona, sino que se constituyó como una audaz empresa privada, donde los capitanes de conquista invertían su propio patrimonio o se endeudaban para armar expediciones. Estos acuerdos se formalizaban a través de las Capitulaciones, contratos jurídicos firmados entre el conquistador y el Rey en los cuales se estipulaba el reparto de las riquezas encontradas y la obligación moral de evangelizar a los nativos. Las motivaciones de estos hombres entrelazaban la profunda ambición por obtener riquezas, especialmente oro y plata, el anhelo de alcanzar gloria y fama eterna, y la convicción religiosa de expandir la fe cristiana, una combinación letal de la cruz y la espada. Sin embargo, el choque entre ambos mundos fue devastador. Aunque el armamento europeo, como los arcabuces y los caballos, otorgaba una indudable superioridad táctica, la verdadera causa del colapso y derrota de los grandes imperios Azteca e Inca fue de carácter biológico. Los indígenas carecían por completo de defensas inmunológicas contra los virus y bacterias traídos desde Europa, lo que desencadenó letales epidemias de enfermedades como la viruela, provocando una catástrofe demográfica sin precedentes que diezmó a la población nativa mucho más rápido que los campos de batalla.
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Unidad 3: La Sociedad Colonial en América y Chile
Tras la consolidación militar de la conquista, la Corona española instauró un vasto y poderoso imperio que dominó el continente americano durante tres largos siglos, imponiendo un ordenamiento político, económico y social sumamente estricto e inflexible. La sociedad colonial se estructuró como una rígida pirámide basada en el origen étnico y el color de la piel, conocida como pigmentocracia. En la cúspide del poder se encontraban los peninsulares, españoles nacidos en Europa, quienes monopolizaban los altos y lucrativos cargos políticos y eclesiásticos como Virreyes y Gobernadores. Inmediatamente debajo se situaban los criollos, hijos de españoles pero nacidos en América, quienes amasaron inmensas fortunas como dueños de grandes haciendas y minas, pero carecían de poder político real, lo que generó un profundo y creciente resentimiento. El grupo mayoritario en Chile terminó siendo el de los mestizos, surgidos de la mezcla biológica entre españoles e indígenas, quienes constituyeron la principal mano de obra libre, desempeñándose como inquilinos en los campos y artesanos en las incipientes ciudades. En la base de esta pirámide y sometidos a las peores condiciones de vida estaban los indígenas, forzados a trabajar bajo el abusivo sistema de la encomienda, y los esclavos africanos, sometidos a un régimen de propiedad inhumano. Económicamente, América fue sometida a un asfixiante Monopolio Comercial, viéndose obligada a comprar y vender productos exclusivamente a España a precios desorbitados, lo que inevitablemente fomentó la aparición de un activo contrabando. A pesar de la profunda segregación racial, este periodo fue testigo de un riquísimo sincretismo cultural, un proceso de fusión biológica y asimilación de tradiciones españolas e indígenas que dio origen a la identidad mestiza latinoamericana, visible hoy en nuestra gastronomía, lenguaje y festividades religiosas.
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Unidad 4: Derechos, Deberes y Formación Ciudadana
Para lograr convivir en una sociedad democrática, justa y pacífica, resulta absolutamente indispensable que cada ciudadano conozca y defienda sus Derechos Humanos, al mismo tiempo que asume el compromiso ineludible de cumplir con sus responsabilidades y deberes ciudadanos. Los Derechos Humanos son libertades y garantías inalienables, es decir, que no pueden ser arrebatadas bajo ninguna circunstancia, y que pertenecen a cada persona por el simple hecho de nacer, abarcando desde el derecho fundamental a la vida y la educación, hasta el derecho de los niños a jugar, acceder a una salud digna y no sufrir ningún tipo de discriminación arbitraria. No obstante, estos derechos se equilibran armónicamente con los deberes cívicos, que son aquellas obligaciones y responsabilidades ineludibles que aseguran el correcto funcionamiento de la sociedad y evitan los abusos de poder. Cumplir con la ley, pagar los impuestos correspondientes que financian el Estado, proteger activamente el medioambiente y respetar profundamente a los demás, independientemente de sus creencias o condición, son pilares de la vida en comunidad. En las instancias de evaluación cívica, se requiere una aguda capacidad para identificar estas actitudes democráticas correctas frente a casos de la vida cotidiana, aplicando la tolerancia y la empatía como motores de resolución pacífica de conflictos. Es imperativo recordar constantemente la regla de oro que sostiene el tejido social: los derechos de una persona terminan exactamente en el punto donde comienzan los derechos y libertades de las demás personas, por lo que ningún derecho individual puede justificar el atropello o la anulación de la libertad del prójimo.
7° Básico - Los Albores de la Humanidad y Civilizaciones
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Unidad 1: Los Albores de la Humanidad
El largo, fascinante y sumamente complejo proceso de evolución biológica y adaptación que condujo a la aparición de la especie humana en el planeta, científicamente conocido como hominización, estuvo fuertemente marcado por transformaciones morfológicas y culturales absolutamente decisivas. El desarrollo del bipedismo, es decir, la capacidad de caminar erguidos sobre las dos extremidades inferiores, liberó definitivamente las manos de nuestros primeros ancestros, permitiéndoles manipular objetos, fabricar sus primeras herramientas de piedra, defenderse de depredadores y transportar alimentos a largas distancias. Simultáneamente a esto, los cambios drásticos en la dieta, como la crucial incorporación de la carne cocinada gracias al revolucionario dominio del fuego, impulsaron un notable y sostenido aumento en el tamaño, la complejidad y el consumo energético del cerebro, posibilitando el surgimiento del lenguaje articulado y la enorme capacidad del pensamiento simbólico y abstracto. A diferencia del resto de los animales que habitaban el orbe, los seres humanos lograron adaptarse de forma exitosa a todos los entornos geográficos no mediante cambios fisiológicos lentos, sino mediante la rápida creación de cultura, vestimenta y tecnología lítica, expandiéndose y migrando paulatinamente desde el continente africano hasta lograr poblar todos los rincones del planeta durante la larga era del Paleolítico. Sin embargo, la verdadera y más trascendental revolución de la humanidad ocurrió durante el periodo Neolítico, cuando el ser humano descubrió los secretos de la agricultura y dominó la domesticación y cría de animales. Este descubrimiento monumental transformó radicalmente las bases de la vida humana, permitiendo el salto evolutivo de un frágil estilo de vida nómada y netamente recolector hacia un modo de vida sedentario, dando origen a las primeras aldeas y asentamientos permanentes de la historia. La asombrosa capacidad de producir de forma intencional un excedente alimenticio constante impulsó un explosivo e inédito crecimiento demográfico y permitió, por primera vez, la especialización del trabajo, posibilitando el surgimiento de nuevos oficios como artesanos, comerciantes, guerreros y líderes políticos y religiosos. Con el incesante paso de los siglos, el gran crecimiento demográfico y estructural de estas aldeas ubicadas estratégicamente junto a inmensas cuencas fluviales, como ocurrió en la fértil Mesopotamia, Egipto, India y China, dio lugar al orgánico surgimiento de las primeras y asombrosamente complejas civilizaciones de la antigüedad. Estas llamadas sociedades prístinas o civilizaciones hidráulicas desarrollaron rápidamente una sofisticada organización política fuertemente centralizada bajo el mando de autoridades absolutas, establecieron jerarquías sociales profundamente marcadas y desiguales, y lograron inventos intelectuales trascendentales como la escritura para llevar la contabilidad, la impresionante arquitectura monumental para sus deidades y los precisos calendarios astronómicos para controlar y prever los ciclos agrícolas, sentando así las bases definitivas de todo el mundo histórico, estatal y urbano que conocemos hoy.
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Unidad 2: La Antigüedad Clásica: Grecia y Roma
La civilización griega sentó las invaluables bases políticas y filosóficas de la cultura occidental moderna, aunque su estructura social presentaba profundas contradicciones. La vida griega se organizaba en torno a la Polis, ciudades-estado totalmente independientes entre sí que funcionaban como mundos aparte, siendo Atenas el indiscutido faro de la cultura y la cuna de la democracia, y Esparta el máximo exponente de la férrea disciplina y el poderío militar. En Atenas surgió el revolucionario concepto de democracia; sin embargo, se trataba de un sistema sumamente excluyente, donde únicamente los varones libres nacidos dentro de la ciudad eran considerados ciudadanos con pleno derecho a participar y votar en la asamblea pública. Esta severa exclusión marginaba por completo a las mujeres, quienes carecían de todo derecho político y se encontraban recluidas en el espacio doméstico del gineceo, dedicadas exclusivamente a la administración del hogar. Paralelamente, la base económica que sostenía el esplendor de estas polis era la esclavitud masiva; sin el arduo e invisible trabajo de miles de esclavos, los ciudadanos libres jamás habrían dispuesto del tiempo libre necesario para dedicarse a los elevados debates políticos y filosóficos en el ágora. A pesar de estas limitaciones, el principal e inmortal legado griego fue la instauración del debate público y la noción fundamental de que los ciudadanos deben ser partícipes activos en el gobierno de su comunidad.
Por su parte, Roma experimentó una asombrosa evolución histórica, pasando desde una República hasta consolidarse como un inmenso y poderoso Imperio, manteniendo siempre una estructura de poder piramidal y fuertemente jerarquizada. La sociedad romana estaba dividida en estratos bien definidos: los Patricios, integrados por las familias de la élite terrateniente que monopolizaban el control absoluto del Senado y los altos cargos, y los Plebeyos, el pueblo común compuesto por artesanos y campesinos que debieron librar siglos de duras luchas sociales para lograr obtener representación política a través de la figura protectora de los Tribunos de la Plebe. Uno de los mayores y más universales aportes de Roma fue la creación sistemática del Derecho Romano, destacando la histórica redacción de la Ley de las XII Tablas, lo cual garantizó por primera vez que las leyes estuvieran escritas y fueran de conocimiento público, evitando así que los poderosos administraran la justicia de manera arbitraria o según sus caprichos diarios, aunque las penas seguían siendo profundamente desproporcionadas según la clase social del infractor. Este colosal y opulento imperio se sostuvo económicamente sobre los hombros desgastados de millones de esclavos capturados durante sus implacables y sucesivas campañas de expansión militar; la maquinaria económica romana dependía a tal punto de esta mano de obra forzada y gratuita que, al detenerse las conquistas territoriales, el sistema entero comenzó a resquebrajarse y colapsar irremediablemente. El legado de Roma perdura hasta nuestros días no solo en sus sólidas instituciones jurídicas, sino también en la vasta expansión del idioma latín, los organizados trazados urbanísticos modernos y sus formidables e imponentes obras de ingeniería pública como acueductos y calzadas.
Al realizar un balance crítico del inmenso legado de la Antigüedad Clásica, resulta indispensable comprender que las sociedades contemporáneas han heredado sus conceptos más brillantes pero se esfuerzan constantemente por corregir sus profundos defectos y crueles exclusiones. La democracia, que en la antigua Grecia estaba restringida a una ínfima minoría de hombres libres, es concebida y defendida hoy como un derecho universal e inalienable de todas las personas. Asimismo, la definición de ciudadanía ha dejado de basarse en el azaroso origen de nacimiento o en la condición de libertad en el mundo antiguo para fundamentarse sólida e irrevocablemente en los Derechos Humanos universales. La República, como modelo de gobierno, mantiene plenamente vigente la sabiduría romana de dividir y equilibrar el poder mediante un astuto sistema de contrapesos institucionales encarnados en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, impidiendo la concentración del poder. Finalmente, la trascendental evolución religiosa de estos imperios, transitando lentamente desde el politeísmo hacia la posterior adopción y oficialización definitiva del Cristianismo por parte de Roma, cimentó de forma indeleble las profundas bases culturales y valóricas que continúan moldeando a la mayor parte del mundo occidental contemporáneo.
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Unidad 3: Edad Media: Feudalismo y la Visión Teocéntrica
La Edad Media es un extenso, fascinante y muchas veces incomprendido periodo histórico que se inició traumáticamente tras el definitivo colapso militar e institucional del gran Imperio Romano de Occidente, un acontecimiento catastrófico que fragmentó para siempre a Europa en múltiples y volátiles reinos germánicos y sumió al continente en siglos de profunda inseguridad. Ante la desintegración total del poder central de los emperadores romanos y la amenaza constante y letal de nuevas invasiones de pueblos bárbaros y vikingos, la próspera vida urbana comercial decayó abruptamente y la aterrorizada población buscó desesperadamente protección y refugio en el aislamiento del campo, dando origen a la era del feudalismo. Este complejo sistema político, económico y social se basaba enteramente en la posesión de la tierra agrícola y en estrictos y sagrados vínculos de vasallaje y lealtad personal; los debilitados reyes, incapaces económicamente de sostener ejércitos para defender sus vastos territorios, otorgaban grandes extensiones de tierras llamadas feudos a los señores nobles, a cambio de inquebrantables juramentos de protección militar. La sociedad feudal que emergió era profundamente desigual, estática y estamental, dividida rígidamente y por mandato divino entre una ociosa minoría de señores y caballeros fuertemente armados dedicados en exclusividad a la guerra, un clero privilegiado encargado de la oración y la salvación de las almas, y una inmensa, sufriente y silenciada mayoría de campesinos y siervos atados perpetuamente a la tierra, obligados bajo coerción a trabajar incansablemente de sol a sol para sostener económicamente a toda la pesada estructura social sin posibilidad alguna de ascender, educarse o mejorar su condición. Durante todo este larguísimo y oscuro periodo, la poderosa Iglesia Católica emergió indiscutidamente como la institución más rica, omnipresente e influyente de toda Europa, actuando efectivamente como el único elemento aglutinador y rector en un continente fragmentado políticamente. La mentalidad de la época era total y profundamente teocéntrica, considerando inamoviblemente a Dios como el centro del universo y la explicación absoluta de todos los fenómenos naturales, catástrofes y destinos sociales. La Iglesia monopolizaba estrictamente la educación, la moral y la cultura, preservando celosamente el antiguo conocimiento filosófico grecorromano en los recónditos monasterios mediante la meticulosa labor de los devotos monjes copistas. No obstante, en la etapa final de este milenario periodo, conocida históricamente como la Baja Edad Media, importantes y revolucionarias innovaciones tecnológicas aplicadas a la agricultura, como el arado de hierro y la rotación de cultivos, generaron abundantes excedentes alimenticios que revitalizaron progresivamente el apagado comercio de larga distancia y propiciaron el glorioso renacimiento de las ferias y las ciudades. En este efervescente nuevo entorno urbano comercial surgió una nueva, dinámica e influyente clase social, la incipiente burguesía, compuesta por audaces comerciantes, banqueros y hábiles artesanos cuyo inmenso poder ascendente no residía en la nobleza inútil de su sangre ni en la tenencia aristocrática de feudos, sino en la acumulación constante de riqueza monetaria, sentando firmemente de esta manera las bases económicas, intelectuales y comerciales que posteriormente impulsarían con fuerza el luminoso tránsito hacia la modernidad, los viajes de exploración y el futuro triunfo del capitalismo mercantil.
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Unidad 4: Las Grandes Civilizaciones Precolombinas
Mucho antes de que los primeros exploradores y conquistadores europeos avistaran las costas del nuevo mundo, el vasto continente americano fue el floreciente y majestuoso escenario del desarrollo, auge y esplendor de las llamadas Grandes Civilizaciones Precolombinas: los Mayas, los Aztecas y los Incas. Estas sociedades avanzadas no constituían en absoluto simples agrupaciones tribales dispersas, sino que conformaron verdaderos e inmensos imperios y extensas redes urbanas de una complejidad asombrosa, demostrando una admirable y envidiable capacidad de ingenio para adaptarse, modificar e intervenir de forma magistral entornos geográficos y naturales extremadamente desafiantes e inhóspitos. La extraordinaria civilización Maya, asentada profundamente en las impenetrables y húmedas selvas tropicales de Mesoamérica, se organizó políticamente en poderosas ciudades-estado completamente independientes entre sí, gobernadas con mano de hierro por reyes sacerdotes dotados de atributos divinos. Desarrollaron en aislamiento conocimientos científicos asombrosamente avanzados que superaban a los europeos, incluyendo un sumamente sofisticado y estético sistema de escritura jeroglífica, la invención y uso del concepto matemático revolucionario del número cero, y complejas observaciones astronómicas precisas que les permitieron diseñar y utilizar calendarios solares de una exactitud matemática insuperable en su época, logrando sostener su enorme demografía y economía mediante el exigente e intensivo sistema agrícola selvático de tala y roza. Por su parte, el temido y poderoso Imperio Azteca construyó un estado fuertemente militarista, tributario y de rápida expansión en el centro del actual México, cuya imponente y populosa capital, la esplendorosa ciudad de Tenochtitlán, fue erigida de manera magistral e ingeniosa directamente sobre las aguas de un gran lago mediante la creación sistemática de las chinampas, que consistían en extensas islas artificiales de cultivo flotante altamente productivas y fértiles. Su rígida sociedad, fuertemente jerarquizada y liderada absolutamente por la sagrada figura del Huey Tlatoani, justificaba ideológicamente sus continuas, despiadadas e incesantes guerras de conquista militar contra pueblos vecinos mediante una aterradora cosmovisión religiosa y mitológica que exigía imperativamente masivos derramamientos de sangre y sacrificios humanos rituales en las pirámides para alimentar y evitar que el frágil sol se apagara y el mundo pereciera en la oscuridad. Finalmente, a lo largo de las escarpadas y frías alturas de la inmensa Cordillera de los Andes, los Incas lograron forjar y consolidar el monumental Tahuantinsuyo, el imperio más extenso, estructurado y centralizado que vio el continente americano. Su rotundo e histórico éxito se basó y radicó en una excepcional, milimétrica y eficiente organización administrativa y estatal, sumada a obras de ingeniería civil verdaderamente colosales, como el intrincado y extenso sistema pavimentado de caminos reales conocido como el Qhapaq Ñan, y la invención del cultivo agrícola escalonado en imponentes terrazas o andenes, tecnologías que en su conjunto les permitieron dominar y conquistar la abrupta geografía cordillerana andina y mantener cohesionado y comunicado un imperio vastísimo, rico y multicultural gobernado autoritariamente por la divinidad viviente del Sapa Inca. A pesar de todos sus impresionantes, perdurables e innegables logros culturales, científicos, arquitectónicos y materiales, resulta crucial y fundamental para el estudio histórico comprender que estas tres deslumbrantes y grandes civilizaciones compartían en su esencia estructuras sociopolíticas y pirámides sociales caracterizadas por una desigualdad y subordinación extrema, donde la inmensa mayoría de la población plebeya campesina estaba sometida bajo pena capital a una rígida y absoluta obediencia estatal y religiosa, debiendo tributar forzosamente y de por vida con el sudor de su duro trabajo y sus cosechas, mientras que las mujeres, aunque desempeñaban roles fundamentales y valorados en el complejo tejido económico, artesanal y familiar bajo el profundo concepto cosmológico de complementariedad andina y mesoamericana, se encontraban en la práctica y de manera sistemática excluidas y alejadas de las altas, estratégicas y decisivas esferas del poder político, los mandos militares y las cúpulas del poder sacerdotal supremo.
8° Básico - Tiempos Modernos y América Colonial
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Unidad 1: Edad Moderna, Humanismo, Reforma y Absolutismo
El inicio de la Edad Moderna, que abarca desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, trajo consigo un profundo, radical e irreversible cambio de mentalidad que sacudió los cimientos de toda la sociedad europea. El rígido y dogmático pensamiento Teocéntrico característico de la Edad Media, que situaba a Dios como el centro absoluto y la única explicación de todas las cosas, fue audazmente desafiado y reemplazado por el Antropocentrismo, una nueva y luminosa cosmovisión que posicionó al ser humano, su capacidad intelectual y el avance empírico y científico como el verdadero motor transformador del universo. Esta profunda transformación ideológica dio vigorosa vida al Humanismo, un movimiento intelectual que rescató apasionadamente la olvidada sabiduría clásica grecorromana y se expresó de manera sublime e inmortal en el arte, la escultura y la arquitectura del Renacimiento, logrando una expansión y difusión sin precedentes en la historia humana gracias a la revolucionaria invención de la imprenta. El constante y crítico cuestionamiento a las verdades absolutas y a las autoridades tradicionales impulsado por las mentes humanistas alcanzó rápidamente a la esfera religiosa, provocando un terremoto espiritual. En el año 1517, el valiente monje alemán Martín Lutero alzó la voz para criticar duramente la profunda corrupción sistémica y la escandalosa e inmoral venta de indulgencias impulsada por la alta jerarquía de la Iglesia Católica, desatando así la incontenible Reforma Protestante. Este cisma religioso dividió profunda y permanentemente a Europa entre naciones católicas y naciones protestantes, desencadenando cruentas, fanáticas y prolongadas guerras de religión que redibujaron para siempre el mapa político, social y espiritual del viejo continente.
En medio de este turbulento escenario de convulsión espiritual y cultural, se produjo la definitiva consolidación política del Estado Moderno y el avasallador ascenso del Poder Absoluto. Los monarcas europeos, astutamente y apoyados por la emergente burguesía, lograron someter a los belicosos señores feudales, logrando centralizar y unificar todo el poder en un solo territorio delimitado por fronteras claras y definidas, respaldados fuertemente por la creación de un obediente ejército profesional de carácter permanente y una compleja burocracia estatal encargada de la eficiente recaudación de impuestos. Este largo proceso histórico desembocó en la instauración de las Monarquías Absolutas, un modelo político opresivo donde el Rey concentraba de manera absoluta, total e incuestionable todos los poderes del Estado (gobernar, legislar y juzgar), justificando su tiranía bajo la conveniente doctrina del "Derecho Divino", afirmando ser un gobernante elegido directamente por la inescrutable voluntad de Dios y, por lo tanto, rindiendo cuentas únicamente ante Él y jamás ante su pueblo. Para lograr financiar sus gigantescos y costosos ejércitos en constante guerra, así como mantener los extravagantes y derrochadores lujos de sus cortes palaciegas, estos reyes absolutistas aplicaron un agresivo, controlador y restrictivo modelo económico conocido mundialmente como Mercantilismo. Los principios de esta doctrina económica eran claros e inflexibles: la riqueza, la prosperidad y el poderío real de una nación dependían estricta y exclusivamente de la inmensa cantidad de metales preciosos, especialmente oro y plata, que lograra acumular y guardar en sus bóvedas y arcas estatales. Para asegurar y maximizar esta acumulación, el Estado debía intervenir fuertemente en la economía, fomentando una balanza comercial altamente positiva donde era una obligación patriótica exportar la mayor cantidad de productos manufacturados posibles y, al mismo tiempo, prohibir o encarecer drásticamente las importaciones de bienes extranjeros. Fue precisamente esta desesperación y obsesión compulsiva por encontrar nuevos y abundantes yacimientos de metales preciosos lo que actuó como el gran y definitivo catalizador económico que impulsó decididamente a los monarcas europeos a financiar enormes flotas transoceánicas para salir a explorar mares desconocidos, invadir y colonizar violentamente a la lejana América con el único, crudo y despiadado objetivo de saquear y explotar hasta el agotamiento sus inagotables riquezas mineras.
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Unidad 2: Exploración Europea, Conquista Brutal y Sociedad Colonial
La expansión territorial y comercial europea adquirió un carácter de extrema y vital urgencia cuando el poderoso imperio turco otomano logró bloquear definitivamente las tradicionales y lucrativas rutas comerciales terrestres que conectaban a Europa con las codiciadas riquezas, especias y sedas de Asia. Este asfixiante cerco económico obligó a reinos costeros como España y Portugal a financiar audaces, innovadoras y sumamente peligrosas expediciones marítimas cruzando océanos inexplorados en busca de nuevas rutas alternativas. La sorpresiva e imprevista llegada de las extenuadas naves de Cristóbal Colón a tierras americanas en el año 1492 marcó el fatídico inicio de una violenta, sistemática y despiadada invasión y conquista a escala continental. El encuentro entre ambos mundos, totalmente ajenos entre sí, resultó ser una verdadera y apocalíptica catástrofe demográfica y humanitaria para las milenarias poblaciones indígenas, quienes perecieron por millones en cuestión de décadas. La causa principal y más mortífera de esta aniquilación casi total no fue el afilado acero de las espadas españolas ni la pólvora de sus arcabuces, sino el devastador e invisible "choque biológico", producto de letales y fulminantes epidemias de virus y bacterias traídas desde Europa, como la viruela, el sarampión y el tifus, para las cuales los nativos americanos no poseían absolutamente ningún tipo de defensa inmunológica natural, diezmando comunidades enteras antes de que siquiera vieran a un conquistador.
Con los inmensos territorios americanos ya bajo su firme yugo militar, la Corona de España instauró un rígido, asfixiante e inflexible Monopolio Comercial basado íntegramente en los dogmas del mercantilismo de la época. A las colonias americanas se les prohibió de manera estricta, legal y bajo pena de muerte establecer cualquier tipo de relación comercial directa con otras potencias extranjeras competidoras o incluso comerciar libremente entre las mismas colonias, viéndose obligadas forzosamente a vender sus valiosos recursos naturales y materias primas a la península a precios irrisorios y dictados desde Europa, para luego tener que comprar obligatoriamente los productos manufacturados españoles a precios exorbitantes, inflados y totalmente abusivos, lo que generó un profundo, crónico y estructural empobrecimiento de la región y plantó la semilla de un creciente y amargo rencor hacia la Corona. Para lograr extraer de manera sistemática y a escala industrial la inmensa y deslumbrante riqueza de oro y plata oculta en las entrañas de la tierra americana, los codiciosos invasores impusieron crueles, inhumanos e implacables sistemas de trabajo forzado. Instituciones coloniales como la Encomienda y la Mita minera entregaban grupos enteros de familias y comunidades indígenas al control absoluto de un colono español, bajo la cínica y conveniente excusa teórica e hipócrita de que este debía protegerlos paternalmente y evangelizarlos en la verdadera fe cristiana, pero que en la cruda práctica diaria se transformó en un despiadado régimen de esclavitud extrema, agotamiento físico letal, maltratos y muerte prematura. Paralelamente a esta explotación, se configuró y legalizó una profunda e injusta Sociedad de Castas o pigmentocracia, un orden social estamental inamovible que clasificaba y segregaba brutalmente a las personas desde su nacimiento, otorgándoles privilegios o negándoles los derechos más básicos según su origen geográfico y el color exacto de su piel. En la intocable cima indiscutida de esta pirámide social se encontraban los españoles peninsulares, poseedores del poder político total; seguidos de cerca por los criollos, que eran inmensamente ricos terratenientes pero celosamente marginados de las grandes y estratégicas decisiones políticas; y en la oprimida base de la pirámide, soportando el peso de toda la sociedad, se encontraban los mestizos discriminados, los indígenas explotados y los millones de esclavos africanos traídos a la fuerza y tratados como simples mercancías. No obstante, y de manera sorprendente, en medio de este oscuro escenario de profundo racismo y abuso sistemático, floreció un rico, complejo y sumamente perdurable Sincretismo Cultural, un proceso irreversible de profunda mezcla biológica y sinérgica fusión de tradiciones, creencias, artes y religiones que terminó por moldear de manera imborrable e identitaria para siempre el alma única, colorida y mestiza de toda América Latina.
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Unidad 3: La Ilustración y el Surgimiento de los Ideales Republicanos
Avanzado el siglo XVIII, el continente europeo se vio profundamente iluminado, remecido y convulsionado por el surgimiento de un formidable, subversivo y revolucionario movimiento filosófico, científico e intelectual que pasó a la historia con el sugerente nombre de la Ilustración o el Siglo de las Luces. Los grandes y valientes pensadores ilustrados, desafiando abiertamente el opresivo orden establecido y arriesgando su propia vida frente a la censura, afirmaban con absoluta e inquebrantable convicción que únicamente a través del uso metódico de la razón humana, la educación universal y el pensamiento empírico y científico sería posible vencer para siempre las oscuras tinieblas de la abismal ignorancia, derribar los inflexibles dogmas religiosos y erradicar las arraigadas supersticiones heredadas de la Edad Media. Este poderoso despertar intelectual se transformó rápida e inevitablemente en un ataque frontal, corrosivo y feroz contra el injustificable y despótico poder absoluto de los reyes y contra los irritantes, ociosos e injustos privilegios de la nobleza de sangre y el alto clero, exigiendo a gritos, mediante panfletos y enciclopedias, el reconocimiento de los derechos naturales e inalienables y la libertad de pensamiento de todos los ciudadanos libres.
Entre las mentes más brillantes, agudas y analíticas de este efervescente periodo, surgieron teóricos políticos excepcionales cuyas ideas profundamente subversivas terminarían por derrumbar imperios enteros y cambiar el curso de la historia occidental. El destacado e influyente filósofo francés Montesquieu planteó con maestría una de las ideas más revolucionarias y estructuralmente perdurables para la arquitectura política moderna: la necesidad imperativa y categórica de establecer una estricta e infranqueable Separación de los Poderes del Estado. Argumentó con una lucidez impecable que, para evitar la concentración de poder, la tiranía y los inherentes abusos dictatoriales de un solo gobernante o grupo, las trascendentales funciones de administrar el país, redactar y debatir las leyes, e impartir la justicia no podían estar jamás concentradas en las mismas manos ni en la misma institución, debiendo dividirse obligatoriamente en un Poder Ejecutivo, un Poder Legislativo y un Poder Judicial, totalmente independientes entre sí y sirviendo de constante y mutuo contrapeso para frenar los excesos del otro. Por su parte, el visionario, apasionado y radical pensador Jean-Jacques Rousseau remeció hasta las raíces las bases de la política al formular y defender apasionadamente el concepto fundamental y democrático de la Soberanía Popular. Rousseau destruyó por completo el antiguo y conveniente mito absolutista al proclamar, en su obra "El Contrato Social", que el verdadero, único y legítimo poder de gobernar un país no provenía de un misterioso designio divino ni le pertenecía al Rey por derecho de herencia dinástica, sino que residía única, exclusiva e intransferiblemente en el Pueblo soberano, que decidía de manera libre y voluntaria delegar temporalmente la administración en sus representantes mediante un pacto social revocable. Estas potentes, lógicas e iluminadoras ideas forjaron el robusto e indestructible sustento teórico y moral que inspiró directamente a los revolucionarios, legitimó la violenta Revolución Francesa y alimentó la inextinguible llama de los posteriores y sangrientos procesos de emancipación e independencia republicana en toda la oprimida América colonial.
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Unidad 4: El Turbulento Proceso de Independencia
El largo, sangriento y doloroso proceso de independencia de las colonias americanas de la metrópoli española no fue en absoluto un arrebato instantáneo, una decisión irreflexiva o un levantamiento espontáneo y masivo, sino el resultado inevitable, trágico y explosivo de una compleja acumulación de tensiones políticas, sociales y económicas durante décadas. Fue un fenómeno histórico determinado por una profunda y entrelazada multicausalidad, funcionando con la precisión de una enorme bomba de tiempo que combinaba poderosos factores de gestación estructural a largo plazo con un sorpresivo y catastrófico evento detonante a corto plazo. Entre las causas internas más profundas, silenciosas y corrosivas que carcomían sin pausa las frágiles bases del inmenso imperio español, destacaba el creciente, amargo, justificado y profundo malestar de los criollos, es decir, la élite de los descendientes de españoles pero nacidos y criados en suelo americano. Esta influyente élite, a pesar de poseer un enorme y aplastante poder económico gracias a la inmensidad de sus ricas tierras, prósperos negocios y el trabajo de sus sirvientes, se sentía constantemente menospreciada, insultada, discriminada y marginada sistemáticamente de los altos y honoríficos cargos políticos, burocráticos, judiciales y eclesiásticos del gobierno virreinal, los cuales estaban celosa y exclusivamente reservados para los funcionarios peninsulares que llegaban de manera temporal desde Europa, a quienes consideraban arrogantes e ineptos. Sumado a esta humillación política, los criollos se encontraban económicamente asfixiados, limitados y furiosos debido a la terca imposición del estricto, obsoleto y empobrecedor Monopolio Comercial por parte de España, que les prohibía comerciar libre y rentablemente con otras potencias ávidas de sus productos e imponía aduanas e impuestos exorbitantes, abusivos y confiscatorios.
En paralelo a este resentimiento interno, existían poderosas e inspiradoras causas externas que actuaban como incontrolables vientos huracanados de cambio sobre el continente. De manera silenciosa, encubierta pero absolutamente imparable a través de libros prohibidos e imprentas clandestinas, las subversivas y prohibidas ideas de libertad individual, igualdad ante la ley y derechos ciudadanos inalienables promulgadas vigorosamente por la Ilustración europea comenzaron a permear e infiltrarse profundamente en los selectos círculos educados, logias masónicas y tertulias de América. Además, el rotundo y deslumbrante ejemplo de éxito de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos frente a la poderosa corona británica y la posterior y violenta caída de la monarquía absolutista durante la emblemática Revolución Francesa demostraron de manera empírica, palpable e incuestionable al mundo entero que derrotar militarmente a un imperio y fundar una nueva república soberana con una constitución escrita era algo completamente posible y realizable. Sin embargo, la inesperada chispa que finalmente detonó todo este gigantesco e inestable polvorín acumulado durante siglos fue un hecho histórico puntual, dramático y totalmente sorpresivo en Europa: la violenta invasión militar de la península española por parte de las imbatibles tropas del emperador Napoleón Bonaparte en 1808 y la posterior, humillante e insólita captura y prisión en Francia del rey considerado legítimo por todos, Fernando VII. Ante la repentina, confusa y prolongada ausencia del Rey en el trono, los criollos americanos encontraron rápidamente la justificación legal perfecta, basada en el antiguo derecho español, para convocar cabildos abiertos y formar las primeras Juntas de Gobierno autónomas, argumentando que sin el monarca, el poder de gobernar regresaba al pueblo. Es un gravísimo error histórico frecuente y un anacronismo asumir ingenuamente que estos primeros cabildos locales buscaban o planeaban desde el primer día la separación inmediata y definitiva de España; de hecho, la Primera Junta de Gobierno en Santiago juró solemne y públicamente lealtad absoluta y obediencia al monarca cautivo, y la idea radical, separatista y republicana de buscar una independencia política total y definitiva fue un proceso lento, doloroso y complejo que fue ganando fuerza y adeptos de manera paulatina, forjado a fuego, decepciones y derramamiento de sangre durante los prolongados e inestables años de guerra en la etapa de la Patria Vieja, y que finalmente se radicalizó y consolidó como la única opción viable tras la brutal, implacable y vengativa represión desatada por las autoridades de la corona durante la oscura etapa de la Reconquista española, sellando el destino independiente de las nacientes naciones americanas.
1° Medio - El Siglo XIX, Industrialización y Estado-Nación
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Unidad 1: Revolución Industrial, Progreso y Cuestión Social
El siglo XIX europeo estuvo completamente dominado por la trascendental Revolución Industrial, un proceso acelerado de profundísimas e irreversibles transformaciones económicas, tecnológicas y demográficas que comenzó en Inglaterra y se expandió agresivamente por el mundo occidental. Este colosal fenómeno sustituyó de manera definitiva y violenta el tradicional y milenario trabajo artesanal y agrícola por la producción estandarizada y mecanizada en modernas fábricas, impulsada inicialmente por la genial invención de la máquina a vapor (James Watt) y el uso masivo del carbón como fuente de energía, y posteriormente, en una Segunda Revolución, por la deslumbrante invención de la electricidad y la extracción de petróleo. Esto trajo consigo una dramática y descontrolada explosión demográfica, un éxodo rural masivo sin precedentes hacia las nuevas y contaminadas urbes industriales, y la consolidación definitiva e indiscutida del sistema capitalista de libre mercado, entronizando a la enriquecida burguesía industrial y financiera como la nueva y poderosa clase dominante global.
Sin embargo, este espectacular crecimiento económico y productivo tuvo un altísimo y doloroso costo social humano. Surgió de las fábricas una nueva y numerosa clase social desposeída: el proletariado (los obreros urbanos y mineros), quienes debieron enfrentar estoicamente condiciones de vida y de trabajo absolutamente infrahumanas y denigrantes. Jornadas laborales extenuantes de 14 a 16 horas diarias de lunes a domingo, total y absoluta ausencia de leyes protectoras o de seguridad laboral, explotación sistemática del trabajo infantil en telares y minas, un hacinamiento urbano insalubre (conventillos y slums), y la constante y mortal amenaza de mortales epidemias (cólera, tifus). Todo este oscuro e inhumano conjunto de precariedades estructurales se denominó y conoció mundialmente como la "Cuestión Social". Como legítima respuesta intelectual y de sobrevivencia ante esta espantosa miseria sistémica, surgieron combativos movimientos de reivindicación obrera y sindical (como las combativas Trade Unions, mutuales y huelgas) y se desarrollaron nuevas, críticas y poderosas corrientes ideológicas y políticas. El incipiente Socialismo Utópico propuso inocentes reformas pacíficas y cooperativas; el temido y revolucionario Marxismo (Socialismo Científico teorizado por los intelectuales Karl Marx y Friedrich Engels) diagnosticó científicamente la implacable "lucha de clases" y propuso organizadamente la inminente revolución armada proletaria para abolir por la fuerza el capitalismo y la sacrosanta propiedad privada de los medios de producción; el radical Anarquismo, más violento, propuso la destrucción total e inmediata del Estado opresor; y finalmente, la conservadora Iglesia Católica respondió tardíamente con su influyente Doctrina Social (mediante la famosa Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII), haciendo un fuerte llamado moral a la justicia social y al trato verdaderamente cristiano y ético entre voraces patrones y explotados obreros, rechazando categóricamente tanto la violenta lucha de clases marxista como los crudos excesos del despiadado capitalismo liberal salvaje.
Paralelamente a esta miseria interna, la victoriosa burguesía europea del vibrante siglo XIX desarrolló una optimista y fe ciega en la idea del "progreso indefinido". Impulsados intelectualmente por el imperante positivismo y fascinados por los continuos y maravillosos avances y descubrimientos científicos, estaban convencidos de que la humanidad avanzaría lineal e inevitablemente hacia la prosperidad y la felicidad a través de la imparable ciencia y la moderna técnica. Esta arrogante confianza occidental y europea justificó ideológica y moralmente los procesos geopolíticos del Imperialismo y el Colonialismo: las grandes y voraces potencias industriales europeas (como Gran Bretaña de la Reina Victoria, y la Francia republicana) compitieron ferozmente para repartirse, ocupar e invadir como si fueran un botín el gigantesco continente de África y gran parte de los inmensos mercados de Asia, buscando desesperadamente obtener materias primas exclusivas y ridículamente baratas y nuevos e inmensos mercados cautivos para vender la sobreproducción de sus gigantescas fábricas, imponiendo brutalmente su lengua, leyes y religión bajo la cínica excusa y autoproclamada misión civilizadora de llevar la "luz" a los pueblos que consideraban primitivos e inferiores. Esta feroz competencia imperialista y el exacerbado nacionalismo generaron letales y continuas tensiones internacionales y una frenética carrera armamentista (la Paz Armada) que terminaron ineludiblemente estallando y desembocando en el horror sin precedentes de la Primera Guerra Mundial de trincheras (1914-1918).
Foco PAES: Se requiere inexcusablemente relacionar causal y directamente la poderosa Revolución Industrial con el inevitable surgimiento de la desgarradora Cuestión Social y la voraz expansión del Imperialismo europeo y norteamericano. La PAES sistemáticamente evalúa la capacidad analítica de comprender que las densas ideologías del siglo XIX (como el revolucionario Marxismo, el anarquismo y la Doctrina Social de la Iglesia Católica) no surgieron en un vacío ni son meras y estériles elucubraciones teóricas, sino que fueron respuestas urgentes, contundentes y directas a la crisis, explotación y extrema miseria estructural generada por el naciente modelo del capitalismo industrial sin ningún tipo de control o regulación estatal. -
Unidad 2: Consolidación del Estado-Nación Republicano y el Liberalismo Ideológico
A lo largo de todo el turbulento siglo XIX, la poderosa e inspiradora ideología del Liberalismo en su faceta política y económica —una herencia directa de las luces de la Ilustración y las profundas transformaciones de la Revolución Francesa— se expandió de manera arrolladora e imparable por todo el convulso continente de Europa y América Latina, enfrentándose y derrotando a los últimos resabios restauradores y monárquicos conservadores. El vigoroso ideario del liberalismo defendía férrea e intransigentemente los sacrosantos derechos y las inalienables libertades individuales de los ciudadanos (como la sagrada libertad de expresión, la libertad religiosa y la sacrosanta propiedad privada), la imperiosa e ineludible necesidad de establecer y someterse a una Constitución Política escrita que limitara severamente el poder y los caprichos del Estado, la estricta y funcional separación e independencia de los poderes públicos y, en materia puramente económica, abrazaba fervorosamente la febril economía de libre mercado autorregulada y la nula intervención del Estado. Junto al avance político del liberalismo, cobró una fuerza telúrica y pasional el ardiente Nacionalismo, el profundo, aglutinador y a veces fanático sentimiento de pertenencia a una comunidad cohesionada, basada en la posesión de un mismo idioma, una épica historia compartida y una singular cultura en común. Esta imparable y avasalladora fuerza ideológica nacionalista llevó y culminó en la exitosa unificación política y territorial de poderosos y grandes países que, hasta ese entonces, estaban fragmentados en múltiples y pequeños principados sin importancia, como la joven Italia de Garibaldi y el poderoso Imperio de Alemania bajo el férreo puño del Canciller Bismarck. Y, por otro lado, como contracara de la moneda, el nacionalismo actuó como un poderoso explosivo que provocó intensos y sangrientos movimientos independentistas que buscaron, lenta y exitosamente, fracturar y desintegrar por completo desde su interior a los grandes y arcaicos imperios multinacionales europeos, como el decadente y obsoleto Imperio Austro-Húngaro y el inmenso pero agonizante Imperio Otomano turco.
En el específico y particular caso institucional de Chile, tras tres largas e ininterrumpidas décadas de estricta y autoritaria hegemonía de la República Conservadora pelucona (inspirada en el ideario de Diego Portales), las frescas e irreverentes ideas liberales comenzaron paulatina pero inexorablemente a permear y dominar intelectualmente a la nueva e ilustrada élite política, social y estudiantil nacional (destacando la generación de la Sociedad de la Igualdad), dando paso y comienzo a la transformadora e intensa época de la denominada República Liberal (1861-1891). Los distintos y decididos gobiernos liberales impulsaron valientemente una extensa y vital serie de contundentes reformas legales y constitucionales (directamente a la restrictiva Constitución de 1833) destinadas primordial y explícitamente a debilitar, acotar y controlar de manera permanente el excesivo, asfixiante y abusivo poder casi monárquico del todopoderoso Presidente de la República, y, a su vez, buscaron estratégicamente fortalecer, dotar de mayores facultades y elevar el estatus e injerencia política del activo y fiscalizador Congreso Nacional (Parlamento). Además, de manera decidida, ampliaron significativamente, a lo largo de las décadas, diversas y fundamentales libertades públicas ciudadanas como la total libertad de reunión política, la amplia libertad de imprenta (sin censura previa) y la libertad de libre asociación sindical, educacional y comercial.
Simultáneamente y no sin enconadas resistencias eclesiásticas, los decididos gobiernos liberales impulsaron uno de los procesos sociopolíticos más profundos y trascendentales de la historia republicana del país: se abocaron en cuerpo y alma a secularizar formalmente el Estado chileno. Esto significaba reducir de forma drástica, permanente y legal la profunda y centenaria influencia dogmática e institucional de la poderosa Iglesia Católica Apostólica y Romana sobre el diario vivir de la sociedad civil y sobre las instituciones educativas y políticas de la nación. Este tenso y áspero conflicto doctrinal e ideológico entre el modernizador Estado liberal laico y la conservadora e intransigente Iglesia católica culminó histórica y apoteósicamente con la controvertida y tensa aprobación parlamentaria del famoso corpus de las históricas Leyes Laicas en la encendida y laicista década de 1880 (específicamente durante el beligerante y decidido gobierno de Domingo Santa María), que crearon y establecieron permanentemente el moderno y secular Registro Civil del Estado, promulgaron la polémica e indispensable ley de Matrimonio Civil ante el oficial público del Estado y aprobaron y construyeron los Cementerios Laicos estatales para asegurar cristiana e igualitaria sepultura a los disidentes que la Iglesia negaba enterrar en suelo sagrado (los disidentes y protestantes); transfiriendo, de manera irreversible, vitales funciones registrales y vitales que hasta ese crucial momento de la historia eran inobjetable y estricto monopolio excluyente del clero y la autoridad eclesiástica.
Foco PAES: El profundo proceso ideológico de la "secularización" o decidida "laicización" de las instituciones del Estado chileno y la progresiva disminución del histórico poder de la Iglesia es una de las temáticas más críticas, ineludibles y complejas de todo el periodo. Los estudiantes y postulantes a las universidades deben necesariamente comprender en profundidad que la dura promulgación de las mencionadas Leyes Laicas no significaron bajo ningún punto de vista la supresión del culto o el fin y persecución de la religión en la sociedad (no se instaló el ateísmo de Estado), sino que, por el contrario, significó la urgente y definitiva modernización administrativa y burocrática de un Estado contemporáneo y tolerante, asumiendo este, de manera exclusiva y como rol garante, el vital e imparcial registro civil y control formal de nacimientos, matrimonios y dolorosas defunciones poblacionales, garantizando mediante la ley civil una verdadera igualdad ante la ley, tolerancia real y equidad institucional inobjetable para todos los diversos ciudadanos católicos y no católicos que comenzaban a llegar e instalarse en nuestro incipiente pero dinámico país. -
Unidad 3: Ocupación, Conformación del Territorio Nacional Chileno y la Opulenta Era del Salitre
Durante el dinámico y expansivo transcurso de toda la segunda y agitada mitad del convulso siglo XIX, el fortalecido Estado oligárquico chileno se abocó, de manera prioritaria, decidida y muchas veces implacable, a la delimitación, definición y a la violenta consolidación efectiva y permanente de sus amplias y porosas fronteras territoriales en todos los extremos del país. En el austral extremo sur, se promovió activamente una masiva y organizada política estatal de colonización extranjera europea (principal e intencionalmente atrayendo a laboriosos y eficientes inmigrantes de nacionalidad alemana para poblar y explotar forestalmente las vírgenes tierras de las fértiles provincias de Llanquihue, Osorno y Valdivia) y, posteriormente, el Estado consolidó su indiscutible y geopolítica soberanía marítima y antártica mediante la trascendental y estratégica fundación del Fuerte Bulnes y posteriormente la ciudad puerto de Punta Arenas a orillas del estratégico y navegable Estrecho de Magallanes. Un proceso enormemente más complejo, polémico, asimétrico y profundamente violento fue la denominada históricamente como "Pacificación" o decidida "Ocupación militar de la Araucanía"; el organizado e implacable Estado central chileno, con su victorioso ejército recién salido de la guerra, intervino militarmente y de forma unilateral el extenso, boscoso y soberano territorio ancestral del aguerrido pueblo originario mapuche ubicado históricamente al sur del río Biobío, con el crudo objetivo económico de incorporar rápidamente esas inmensas y fértiles praderas sureñas al rentable, expansivo y codiciado "ciclo exportador triguero" de exportación internacional, despojando de sus tierras ancestrales, arrinconando, acorralando y finalmente reduciendo miserablemente a todas las familias y comunidades indígenas originarias a vivir en empobrecidas y minúsculas "mercedes de tierra" improductivas otorgadas graciosamente por el Estado usurpador, generando y plantando las semillas de profundas consecuencias, desigualdades y violentas demandas históricas reivindicatorias de tierras que perduran, se manifiestan y continúan en la contingencia de nuestro país hasta el día de hoy. Internacionalmente en el plano diplomático, el mismo Estado, agobiado por el gasto militar, Chile cedió diplomáticamente la inmensa, despoblada y extensa región oriental de la Patagonia a la vecina República de Argentina, materializándose en la firma del tratado limítrofe de 1881 (priorizando y concentrando todos los esfuerzos en el victorioso pero desgastador conflicto militar que se llevaba a cabo en paralelo y arduamente en el lejano norte) e incorporó visionariamente a su mapa geográfico la misteriosa y lejana Isla de Pascua (Rapa Nui) en el año 1888, adquiriendo por fin una estratégica e inestimable proyección marítima oceánica en el Pacífico central.
En el extremo e inhóspito desierto del norte, los enormes y millonarios intereses económicos, mineros e industriales del empoderado empresariado de grandes capitales privados chilenos y capitales británicos inversores que estaban instalados produciendo e invirtiendo fuerte en las lucrativas y numerosas salitreras y guaneras que se ubicaban paradójicamente en territorios que legal y soberanamente pertenecían a las vecinas repúblicas de Bolivia (Antofagasta) y Perú (Tarapacá), sumados a inaceptables violaciones de los tratados diplomáticos aduaneros y el cobro ilegal de impuestos sorpresivos (el famoso y detonante impuesto de los 10 centavos), desencadenaron fatal, política y militarmente la cruenta Guerra del Pacífico o conocida internacionalmente como Guerra del Salitre (1879-1884), que enfrentó en los áridos desiertos y extensos litorales pacíficos a Chile contra la peligrosa, numerosa y secreta alianza militar perú-boliviana. La espectacular y total victoria militar de los ejércitos expedicionarios de Chile anexó de forma irreversible y permanente a nuestro país las extensas, desérticas y fabulosamente ricas y minerales provincias de Tarapacá y Antofagasta, convirtiendo automáticamente a Chile en el gran, poderoso, indiscutido y codiciado poseedor del inmenso monopolio mundial de la exportación de "oro blanco" o del preciado salitre natural puro, que era ávidamente y globalmente demandado y utilizado en los mercados de la primera guerra mundial y en la agricultura, tanto como eficaz fertilizante orgánico para revivir tierras europeas esquilmadas como letal e imprescindible explosivo para las industrias bélicas armamentísticas y las grandes obras de ingeniería e infraestructura a nivel planetario.
La dorada e inigualable "Era del Salitre" (o el gran ciclo salitrero) transformó profunda y radicalmente la fisonomía y la estructura de Chile como joven nación republicana. El empoderado Estado nacional experimentó un vertiginoso ingreso de riqueza y recursos financieros y fiscales sin precedentes en su historia macroeconómica gracias al fácil pero masivo cobro de impuestos por derechos e impuestos de aduana a la cuantiosa exportación internacional del salitre. Todo ese fabuloso y colosal caudal inyectado de dinero fresco se invirtió y despilfarró paralelamente en una gigantesca, asombrosa y masiva expansión descontrolada e infraestructura y enormes obras públicas monumentales a lo largo del país (la inmensa construcción de largas y extensas redes de ferrocarriles en el sur y viaductos, imponentes y equipados y profundos puertos de abrigo oceánicos y la masiva y muy elogiada fundación de cientos escuelas normales, modernos y gigantescos hospitales e imponentes edificios fiscales para modernizar la burocracia estatal, la que creció fuertemente contratando a una incipiente clase media ilustrada). Sin embargo, toda esta abismante y ostentosa riqueza concentrada y despilfarrada por las altas oligarquías nacionales, lamentable y dolorosamente, generó una profunda y aguda desigualdad social abismante en el país y fragilidad macroeconómica. El imperante e irresponsable modelo de exclusivo crecimiento económico pasivo llamado "desarrollo hacia afuera" o primario puramente extractivista exportador (que dependía obsesiva y exclusivamente de vender barato materia prima pura y cobrar impuestos de un solo mineral: un inestable monocultivo minero) era terriblemente y peligrosamente vulnerable a los inestables y bruscos altibajos y colapsos de los grandes mercados y crisis capitalistas externos mundiales. Internamente en la demografía del país, la efervescente promesa de la industria y la minería provocó y gatilló una masiva, trágica e imparable ola de migración campo-ciudad y el éxodo desordenado de cientos de miles de pobres y explotados campesinos y de empobrecidos inquilinos peones que abandonaron las restrictivas y paternalistas haciendas del campo en la zona centro sur, migrando masivamente para trabajar agotadoramente al duro e inhóspito pero demandante norte salitrero o a las insalubres capitales y grandes y pobladas ciudades como la pujante capital, el gran Santiago y el caótico puerto del litoral en la joya del pacífico sur y cosmopolita y portuario en el gran Valparaíso, donde se convirtieron inmediata e inevitablemente en un sufrido y duro pero necesario gran proletariado urbano e industrial (nacimiento formal de la clase obrera dura en Chile). Estos trabajadores precarios, sin leyes o contención del Estado de Chile moderno del momento, vivieron en carne propia la dura, miserable y descarnada "Cuestión Social" chilena, un período denso: habitaban miserable y paupérrimamente hacinados por docenas de familias apiladas en antihigiénicas piezas en insalubres e improvisados en conventillos, ranchos e inundables chozas ribereñas de hojalata y cartones a lo largo de los fríos cauces del Mapocho en Santiago sin las mínimas condiciones ni siquiera de alcantarillados (desatando mortales y dantescas epidemias de cólera arrasadoras), mientras los mineros del árido desierto norte habitaban campamentos en la pampa desolada o improvisados campamentos mineros en oficinas, se les explotaba con trabajo pesadísimo, y lo más abusivo, cobraban sus exiguos salarios no en moneda de curso legal y en efectivo, sino obligatoriamente en exclusivas y depreciadas y privadas fichas de metal o plástico de la empresa salitrera que de nada valían en otros comercios y solo servían forzosamente para comprar sus caras y exclusivas mercaderías y artículos indispensables y básicos a los precios exorbitantes y abusivos de un inamovible gran monopolio y usura en las pulperías de la propia gran empresa extranjera inglesa, y sufrían todo esto al más completo abandono sin las más mínimas y rudimentarias leyes y garantías laborales o de salud estatales que los protegieran, ni de la ancianidad, viudez, las largas y duras e inacabables jornadas de más de 12 horas bajo un implacable y calcinante sol inclemente de Atacama en un país enriquecido astronómicamente por la exportación internacional pero brutal. Ante la indiferencia e incapacidad de las élites liberales, la incipiente pero inorgánica y primitiva organización proletaria incipiente de un sector obrero cada vez más numeroso organizándose lenta y sostenidamente en asambleas solidarias como en las históricas y fraternales "sociedades y mutuales de socorro y resistencia obreras mutuas" y las masivas primeras huelgas y mancomunales reivindicativas del carbón y el puerto minero obrero incipiente de gran Lota y Valparaíso y norte grande fue fuertemente reprimida y sangrientamente contestada, con la brutal pero implacable orden y por el pasivo Estado liberal chileno con inmediata y mortal represión del Ejército con masacres con ráfagas de ametralladoras y tropas de caballería montada en la capital. El episodio represivo de lucha más inenarrable y trágico estalló y su represión emblematizó toda la gran época siendo trágicamente masacrados, para escarmiento en Iquique a quemarropa cientos de trabajadores inermes de familias y con y de todas las razas y nacionalidades andinas en y bolivianas y chilenos exigiendo mejoras con masacre armada masiva militarmente disparando ametralladoras con bala de guerra de la Matanza a mansalva de miles en Iquique masacrados y sepultados y ametrallados a la escuela la Matanza trágica y sin memoria en de la Escuela en y en plena pampa militar Santa María de Iquique a fines un duro (1907), siendo este hecho por lejos el su más incomprensible, desgarrador episodio y sanguinario capítulo de violencia Estatal y símbolo de huelga salitrero en de mayor y mas cruel masacre emblemática de y represivo e inhumano más doloroso en y recordado del y más profundo descarnado y de este de del emblemático Chile del periodo.
Foco PAES: Se debe y exige comprender e internalizar perfectamente el concepto histórico e implacable del rígido modelo netamente exportador salitrero como el paradigma macroeconómico absoluto del "Crecimiento de desarrollo extractivista y comercial Hacia y Para Afuera", con todas sus vulnerabilidades. La difícil prueba exige de manera constante analizar y deducir e interrelacionar inteligentemente la y de forma directa e interconectada en forma vinculante las la gran enorme expansión y ocupación territorial hacia e invasiva de del y al norte por del árido y conquistado norte e integradora de del país con y sus victorias y consecuencias geográficas y riquezas generadoras a costa con de con la gestación causal directa y origen demográfico de las condiciones y gestación y desarrollo crudo del el grave origen profundo surgimiento profundo e de y con los trágicos conflictos del y de la brutal "Cuestión Social" demográfica explotadora del salitre urbana miseria salitrera e y en las capitales chilenas, con un incipiente de del con las crecientes y y con esto las primeras formaciones del sindicalismo embrionario chileno y sus grandes iniciales huelgas con sus protestas y del masivas con en y las primeras del demandas del emergente del su combativo y sus de de las iniciales movilizaciones y peticiones laborales y de justicia social obrera que la primera base y e de y organización y fuerza de movilizaciones sindicales históricas del de y primer del y originario incipiente incipiente pero valiente movimiento organizado inicial movimiento del trabajador de gremial obrero organizado en un estado oligárquico sordo organizado histórico en Chile, el pujante proceso en el cual históricamente incansablemente comenzó y comenzó con el tiempo por años a exigir que de al y exigir y a y exigir decididamente al indolente el sordo y a un insensible de e que el inoperante de de Estado parlamentario al fin decidiera de forma imperiosa y tuviera que dejara al abandonar su laico y de su pasivo de clásico y del viejo de su ortodoxo su pasivo de cómodo rol o pasivo el laico y ciego rol histórico "pasivo o de laissez de dejar faire" neutral clásico para al fin interviniera legislar de forma activa de legislar en pro y defensa en estricta materia por fin materia y de materia previsional legislación social o y y moderna.
2° Medio - El Mundo Contemporáneo y Chile del S. XX
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Unidad 1: Crisis del Liberalismo, Totalitarismos y Segunda Guerra Mundial
El gran y cegador optimismo del "progreso" en el siglo XIX europeo se derrumbó abrupta y dramáticamente en las embarradas y letales trincheras de la Primera Guerra Mundial y recibió un posterior golpe letal e irreversible con la pavorosa y catastrófica Gran Depresión financiera de 1929. Esta profunda y generalizada crisis económica en todos los sistemas capitalistas provocó tasas de desempleo sin precedentes, quiebras masivas de empresas y una hiperinflación desatada. Este escenario de inestabilidad empujó a gran parte de la población mundial, sumida en la miseria y la desesperanza, a perder su fe en la democracia liberal y en el capitalismo de libre mercado. Este caldo de cultivo permitió el ascenso de regímenes políticos radicalmente nuevos y opresivos: los Totalitarismos. En Italia surgió el Fascismo liderado por Benito Mussolini; en Alemania, el Nazismo de Adolf Hitler; y en la Unión Soviética, el Comunismo Estalinista. A pesar de sus diferencias ideológicas, todos compartían el control absoluto del Estado sobre la vida de los ciudadanos, el establecimiento de un sistema de partido único, el culto fanático al líder, el uso sistemático del terror y la policía secreta para eliminar la disidencia, y el control de la propaganda y los medios de comunicación de masas.
El expansionismo militarista, nacionalista y racial de la Alemania Nazi, y sus ansias por conseguir el "espacio vital" (Lebensraum), desencadenaron la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el conflicto más destructivo de la historia humana. La guerra enfrentó al Eje (Alemania, Italia, Japón) contra los Aliados (Gran Bretaña, URSS, EE. UU.). Se caracterizó por involucrar a la población civil como objetivo militar (bombardeos a ciudades), el avance de la tecnología bélica y, trágicamente, el Holocausto, el genocidio sistemático e industrializado de seis millones de judíos y otras minorías por parte de los nazis. El conflicto culminó con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados Unidos.
Las consecuencias de la guerra moldearon el mundo actual. Ante los horrores evidenciados, se fundó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo primario de mantener la paz mundial, y en 1948 se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Geopolíticamente, Europa perdió su hegemonía global, y el mundo quedó dividido en dos superpotencias antagónicas: Estados Unidos (bloque capitalista) y la Unión Soviética (bloque comunista), dando inicio a la Guerra Fría, una pugna ideológica, tecnológica, armamentística y de influencia indirecta que dominó la segunda mitad del siglo XX.
Foco PAES: Identificar las características comunes de los sistemas totalitarios y distinguirlos de las democracias es fundamental. Otro punto clave es entender cómo el Holocausto generó un cambio de paradigma mundial que obligó a la creación de instituciones internacionales vinculantes para la protección inalienable de los Derechos Humanos. -
Unidad 2: Chile en la Primera Mitad del Siglo XX y el Estado Benefactor
En Chile, el inicio del siglo XX marcó el fin de la República Parlamentaria, un sistema oligárquico ineficaz para resolver los agudos problemas sociales. La presión de las nacientes clases medias y obreras, y la intervención militar ("Ruido de Sables" de 1924), llevaron a la promulgación de la Constitución de 1925, bajo el liderazgo de Arturo Alessandri Palma. Esta constitución restituyó el poder al Presidente de la República, separó definitivamente a la Iglesia del Estado, y consagró por primera vez el rol social del Estado, sentando las bases para futuras leyes laborales y de previsión.
Económicamente, Chile fue uno de los países más golpeados por la Gran Depresión de 1929, exacerbada por la previa invención del salitre sintético que destruyó la principal fuente de ingresos del país. Esto evidenció el fracaso del modelo exportador hacia afuera. En respuesta, durante los gobiernos del Partido Radical (el "Frente Popular", 1938-1952), el Estado asumió un rol protagónico en la economía mediante el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). A través de la creación de la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), el Estado invirtió agresivamente en infraestructura estratégica creando empresas públicas (ENDESA, ENAP, CAP) para desarrollar una industria nacional que produjera localmente lo que antes se importaba, buscando la independencia económica.
Socialmente, este período se caracterizó por la integración política y social de nuevos actores. Las clases medias se consolidaron al amparo de la expansión del aparato estatal y burocrático. Además, tras décadas de lucha, las mujeres lograron el derecho a voto en elecciones municipales en 1934 y, finalmente, el sufragio universal para elecciones presidenciales en 1949, cambiando para siempre el panorama electoral del país.
Foco PAES: El cambio de paradigma del rol del Estado es la temática más preguntada: pasar de un Estado "Gendarme" (siglo XIX) que solo cuida el orden, a un "Estado Benefactor y Empresario" (siglo XX) que interviene en la economía (modelo ISI y CORFO) y provee derechos sociales (salud, educación, vivienda). -
Unidad 3: Proyectos Excluyentes y el Quiebre de la Democracia (1958-1973)
A partir de la década de 1960, bajo el contexto global de la Guerra Fría y el impacto continental de la Revolución Cubana, Chile experimentó una etapa de intensa politización y polarización ideológica. El espectro político se dividió en los "Tres Tercios" (Derecha, Centro e Izquierda), cada uno proponiendo proyectos globales y excluyentes de transformación social y económica que buscaban solucionar el estancamiento económico del modelo ISI y la persistente desigualdad y pobreza, problemas que afectaban a grandes masas de pobladores urbanos (formación de poblaciones callampas) y campesinos desposeídos.
El Centro Político (Democracia Cristiana), bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y su lema "Revolución en Libertad", buscó cambios estructurales profundos pero dentro de la legalidad institucional. Implementó la "Chilenización del Cobre" (el Estado compró el 51% de las mineras estadounidenses), inició una masiva Reforma Agraria para expropiar latifundios ineficientes y entregarlos a los campesinos, y promovió la "Promoción Popular" para organizar y empoderar a los sectores marginales a través de juntas de vecinos y centros de madres.
La Izquierda (Unidad Popular), coalición de partidos marxistas y socialdemócratas liderada por el socialista Salvador Allende (1970-1973), propuso la "Vía Chilena al Socialismo", un intento inédito a nivel mundial de llegar al socialismo a través de la vía democrática y electoral. Su programa profundizó radicalmente la Reforma Agraria, ejecutó la Nacionalización total del Cobre (aprobada unánimemente por el Congreso), y buscó estatizar las principales industrias, monopolios y la banca, conformando el Área de Propiedad Social (APS). Estas medidas generaron una fuerte resistencia y boicot por parte de sectores empresariales nacionales, partidos de oposición y la intervención encubierta de Estados Unidos. La polarización alcanzó niveles insostenibles, marcada por el desabastecimiento, hiperinflación, violencia política callejera y paralizaciones (paro de camioneros), desencadenando una profunda crisis institucional que culminó con la violenta intervención de las Fuerzas Armadas en el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, derrocando al gobierno constitucional y quebrando la democracia chilena.
Foco PAES: La prueba exige un análisis multicausal del quiebre democrático de 1973. Se debe reconocer que fue producto tanto de factores internos (polarización extrema de los actores políticos, crisis económica profunda, exclusión del diálogo) como de factores externos (influencia de la Guerra Fría y la intervención política y económica de Estados Unidos). Otro punto esencial es reconocer que la Reforma Agraria no fue obra de un solo gobierno, sino un proceso acumulativo impulsado por Jorge Alessandri, Eduardo Frei y profundizado radicalmente por Salvador Allende. -
Unidad 4: Dictadura Militar y Transición a la Democracia (1973-1990)
Tras el Golpe de Estado, se instauró una Junta Militar liderada por Augusto Pinochet. El Régimen Militar se caracterizó políticamente por la clausura del Congreso Nacional, la proscripción y persecución de los partidos políticos, la censura de prensa y, de manera más grave, por la sistemática y generalizada violación a los Derechos Humanos como política de Estado a través de aparatos represivos (DINA, CNI), dejando miles de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, torturados y exiliados.
En el ámbito económico y social, la dictadura impuso una refundación total del país liderada por economistas formados en Estados Unidos (los "Chicago Boys"). Sustituyeron el modelo ISI estatal por un modelo Neoliberal ortodoxo. Este modelo implicó la reducción drástica del aparato estatal mediante la privatización masiva de empresas públicas, la apertura irrestricta de la economía al libre comercio exterior (reducción de aranceles), la flexibilización laboral y la privatización de derechos sociales fundamentales, creando el sistema de pensiones por capitalización individual (AFP) y el sistema de salud privado (ISAPRES). En 1980, mediante un plebiscito altamente cuestionado, se promulgó una nueva Constitución que institucionalizó este modelo económico, estableció un sistema político con fuertes enclaves autoritarios y delineó un itinerario para una futura transición tutelada.
Durante la década de 1980, una profunda crisis económica y el resurgimiento de la organización social dieron paso a masivas Protestas Nacionales que exigían el retorno a la democracia. Según el itinerario de la Constitución del 80, en 1988 se realizó un Plebiscito vinculante donde la ciudadanía debía decidir la continuidad de Pinochet en el poder por 8 años más (opción SÍ) o la convocatoria a elecciones democráticas (opción NO). El triunfo del "NO", apoyado por una amplia coalición de partidos de centro e izquierda (la Concertación de Partidos por el Democracia), abrió paso a la Transición. Los gobiernos de la transición enfrentaron el complejo desafío de reestablecer la convivencia cívica, abordar la verdad y justicia en materia de violaciones a los Derechos Humanos mediante comisiones estatales (Informe Rettig, Informe Valech), y promover un crecimiento económico con mayor equidad social ("Crecimiento con equidad"), aunque manteniendo la estructura económica neoliberal heredada y lidiando durante años con la presencia y poder residual de las Fuerzas Armadas en la política nacional.
Foco PAES: Identificar los pilares del modelo neoliberal implementado en la dictadura (privatizaciones, rol subsidiario del Estado, apertura de mercados). También se evalúa constantemente la capacidad de analizar el proceso de transición democrática, reconociendo las dificultades que enfrentaron los primeros gobiernos democráticos (como los enclaves autoritarios en la Constitución) y la importancia fundamental de las políticas de memoria y reparación de Derechos Humanos para la reconstrucción del tejido social.
Orientación Pedagógica
Este módulo de Historia ha sido diseñado siguiendo los planes y programas del Ministerio de Educación de Chile (MINEDUC). El contenido prioriza los conceptos clave evaluados en las pruebas nacionales SIMCE y PAES.
Uso sugerido: Ideal para el repaso de unidades, preparación de evaluaciones y reforzamiento de conceptos históricos fundamentales. Prohibida su reproducción con fines comerciales.